Durante muchos años, los seres humanos cultivamos el placer de la conversación a través de eventos como noches de tertulia, platicando con amigos, familiares y vecinos.
Paralelo a cultivar la palabra hablada, usábamos con esmero la palabra escrita, para redactar cartas llevando tanto sentimientos como mensajes.
Llegó la tecnología y las tertulias fueron sustituidas por horas interminables ante la televisión, antes; y las pantallas con “streaming” hoy en día.
Las cartas se replegaron ante el avance de la mensajería electrónica donde todo se quiere resolver con figuritas y abreviaturas que más parecen mutilaciones al lenguaje escrito.
Pero ahora, superando el primer cuarto del Siglo XXI, el relegado arte del buen escribir (y el mejor hablar) vuelve a tomar relevancia de la mano de un aliado insospechado: la Inteligencia Artificial.
La IA no adivina: Predice y conversa
La IA no piensa, ni adivina. Su proceso de generación de conocimiento está basado en la predicción.
La IA tiene acceso a un acervo de millones de ítems de información, de tal manera que cada vez que lo requiere, puede formar una frase, un enunciado o hasta un documento completo, analizando las variables del contexto y prediciendo cual es la siguiente palabra que debe usar para formar conceptos congruentes y que correspondan al propósito solicitado.
Pero ese proceso no surge de la nada. En su diseño, la IA está preparada para recibir un mensaje inicial, formular una respuesta y esperar que dicha respuesta provoque un nuevo mensaje.
¿Resulta familiar? Claro, es la forma más básica del ciclo de la comunicación que hemos ejecutado millones de veces en nuestra vida para interactuar con infinidad de personas.
Ya hemos dicho que la IA no piensa, ni adivina; añadamos ahora que la IA predice y conversa.
La palabra: El puente entre la Inteligencia Humana y la IA
La Inteligencia Humana (IH) detonó su prodigioso desarrollo en el momento, muy lejano en el tiempo, en que la palabra hablada y escrita permitió el intercambio de información, así como el desarrollo y la conservación del conocimiento.
Hoy en día, la palabra reafirma su papel protagónico en la creación de conocimiento, puesto que constituye el puente que enlaza la IH y la IA.
No me gusta la frase tan trillada de “dominar la IA”, porque el verbo dominar implica sumisión. Prefiero pensar en “congeniar con la IA”, porque a final de cuentas, se trata de que la IH y la IA trabajen de manera conjunta por un interés común.
Habilidades de comunicación sobre códigos técnicos
Congeniar con la IA no es cuestión de sofisticada tecnología, sino de habilidades de comunicación. No se trata de saber de códigos y algoritmos, sino de saber expresar dudas, ideas, opiniones (y hasta emociones y sentimientos) por medio de la palabra.
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